sábado, 18 de junio de 2011

LA HISTORIA DEL CIEMPIÉS

Cogen el camino más largo, como hace siempre Maria cuando tiene delante una situación que la conmueve y la desconcierta, y necesita tiempo para vaciarse de ruido y poder sentir. Marta, una antigua compañera de escuela, la llamó hace unos días con una consulta nueva y extraña, y eso que ha tenido muchas y muy
 
diferentes y variadas. Hasta, si no fuera por el dolor que le ha trasmitido, parece una preocupación irónica y sin sentido. Marta le ha explicado, entre sollozos, que no puede entender que le pasa. Cuando mejor le van las cosas, peor se siente, más obsesionada está en encontrar él porqué de todo, que motivos oscuros y escondidos hay para que, ahora, después de tantos años padeciendo, todo le vaya mejor que nunca. Y esto no hace más que darle preocupaciones y no le deja disfrutar de todo lo bueno que encuentra en su camino
Como siempre suele hacer, Maria le ha invitado a subir a la Montaña de los Siete Vientos. Este es un lugar muy especial para ella, mágico, misterioso y lleno de energía. Sentada en el tronco de un viejo árbol, roto en una noche de fuerte temporal y furiosos vientos, ya hace mucho y muchos años, siente la inspiración que necesita para ayudar a la gente amiga y de buen corazón a encontrar un poco de luz para afrontar sus problemas
Su padre, como regalo de su doceavo aniversario, la acompañó por primera vez hasta la cima de la Montaña, y allí le explicó la leyenda de su familia y la manera de hacer servir el don que Maria ha recibido de sus antepasadas. Sin saber cómo, el espíritu de su padre se le hace presente cuando se sienta en el tronco del viejo pino e incluso parece que puede hablarle y pedirle consejo
Esta vez siente que le necesita más que nunca y mientras observa como las cañas de bambú, flexibles pero fuertes, aguantan el viento que sopla, li viene a la cabeza la historia del ciempiés y la hormiga
- Gracias, padre – dice en voz alta Maria – este cuento es que ni pintado para Marta
Y así se lo cuenta:

“Se dice, se cuenta y comentan, amiga Marta, que había una vez un ciempiés muy activo, trabajador y laborioso, todo el día estaba arriba y abajo, siempre ocupado en una cosa u otra, o ayudando a sus vecinos y amigos. Era, como puedes imaginar, muy querido y reconocido en su comunidad, y él se sentía feliz y agradecido, a gusto con su manera de vivir, sin demasiadas complicaciones y aceptando las cosas tal y como le venían. Una de las vecinas que tenía mas cerca y a quien quería más era la hormiga, ya que con ella era agradable conversar sobretodo al atardecer cuando acabado el trabajo del día, iban a pasear por el bosque. La hormiga era, como puedes suponer, ordenada y metódica, lo tenía todo en su sitio y siempre estaba observando a su alrededor y mirando de entender el porqué de todo. Su amigo ciempiés a menudo le decía que esto no podía traerle nada de bueno, y era mucho mejor coger y aceptar las cosas tal como venían. Hasta que un día pasó lo que nadie se esperaba
Resulta que la hormiga se la veía desde hacía unos días más preocupada y el ciempiés notaba que era observado con mucho interés por su amiga. Una noche, poco después de volver del paseo finalmente le preguntó:
- Amiga hormiga, a ver, dime, últimamente no haces nada más que mirar y remirar lo que hago, sobretodo cuando vamos a caminar ¿Qué tienes?
- Ay, amigo ciempiés – contestó la hormiga – no quería decírtelo para no preocuparte pero hay una cosa que no puedo entender y mira que lo observo y lo miro con detalle
- Venga, dime, igual te lo puedo aclarar, si se refiere a mi
- Pues he observado una cosa muy curiosa – siguió la hormiga – unos días empiezas a andar con el pie izquierdo y otros, con el derecho
- ¿Seguro? – Dijo extrañado el ciempiés
- Tan seguro como que estamos aquí ahora mismo. Lo he observado durante dos semanas y no hay ninguna duda. Unos días comienzas con él izquierdo y otros, con él derecho. He intentado descubrir el porqué y no consigo ver el motivo
- Bien extraño es esto – dijo el ciempiés preocupándose – muy extraño y no me había fijado nada de nada. Y qué razones debe haber, qué motivos escondidos para avanzar uno u otro pie...
Y con estos razonamientos, marcharon cada cual a su casa
La noche fue larga para el ciempiés... no pudo dormir prácticamente nada, mirando todo el rato que pie avanzaba primero al andar y observando preocupado que no encontraba el porqué
A partir de aquel día, el ciempiés dejó de ser el que era y sólo hacia que mirarse sus pies, estudiando todas las posibilidades que había para saber el motivo o la finalidad escondida en caminar unas veces avanzando primero el pie izquierdo y otros, el derecho


MENSAJE DE LA FÁBULA: ¿Es importante saber por qué van bien las cosas que funcionan y nos dan bienestar? Es mejor vivirlas tal como son y se nos presentan, disfrutando de ellas con aceptación y plenitud. Hay ocasiones que buscando el porqué, nos perdemos el cómo, el qué y con quien

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Seguro?? Sigue leyendo hasta que encuentres el sentido. Hay muchos más cuentos, espero que alguno te guste más
      Un saludo
      Jordi

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