jueves, 19 de mayo de 2011

LA NARANJA

Maria esta despertando a la adolescencia..... Allí donde antes casi todo estaba regido por la armonía y era bastante previsible, como corresponde a la infancia, ahora Maria se encuentra llena de incoherencias e inestabilidad. El mismo gesto, las mismas palabras pueden dar respuestas e interpretaciones totalmente opuestas.



Y aunque su padre sabe de la importancia de esta etapa del crecimiento de su hija, y de vivirlo con naturalidad, tanto por parte de su hija como de él mismo, es siempre necesario un tiempo de adaptación y de aceptación
Maria entra en un rápido proceso de socialización, pasa de la escuela primaria, siempre más protegida y controlada, al instituto, donde todo es más grande, más libre, y al mismo tiempos, más descontrolado. Los profesores son muchos y las clases, muy numerosas, y los alumnos, más autónomos y libres, y al mismo tiempo, son mucho más responsables de sus resultados. Y ve Maria una gran inmadurez en muchos de sus compañeros y una falta de implicación en muchos padres
Comienza a tener un grupo estable de amigas, algunas las conserva de cuando iba a primaria, otras son nuevas. Y su padre nota como son de difícil estas primeras relaciones sociales donde la amistad y la competitividad, en estado extremo, están tan presentes
Son años en los que el conflicto entre iguales, entre amigos, y también con otras personas de referencia, como profesores, padres, hermanos están muy presentes y generan mucho dolor. Sobretodo si nos dejamos llevar por momentos de rabia y de miedo, y también si dejamos que el corazón se nos llene de desconfianza y dudas y no tenemos, en esos momentos, la boca cerrada
Por eso, prepara una fábula sobre un aspecto fundamental en las relaciones entre las personas. Una receta mágica, básica y esencial para prevenir los conflictos y, una vez han hecho acto de presencia, saber abordarlos de manera sabia e inteligente. Muy sencillo de decir y escribir: saber utilizar la comunicación asertiva, activa y empática. ¡¡Y que pronto lo olvidamos, en nuestro día a día con las personas que más queremos!!
Estos son los pensamientos que le llenan la cabeza mientras va subiendo, en silencio y acompañado por su hija medio malhumorada al empezar la caminata, hacia la cima de la Montaña de los Siete Vientos. Al sentarse en el viejo tronco del pino vencido por las fuerzas salvajes en una noche de feroz tormenta, el padre ve aparecer en el rostro de Maria la misma expresión que tanto le sedujo y cautivó de su madre. Una mirada llena de luz, vida, pasión y amor
Y empieza el cuento

“Se dice, se cuenta y comentan que una vez, dos hermanos, chico y chica, entraron al mismo tiempo en la cocina de su casa. Los dos buscaban, como se verá más adelante con un exceso de ansia y deseo vehemente, idéntico objeto y los dos, al mismo tiempo, lo vieron encima de la mesa: Una naranja
Exclamaron al unísono y los sonidos de sus voces se confundieron en el espacio al ser emitidas en fracciones de segundo despreciables de diferencia: “¡¡Ya lo he encontrado!!”. Y como suele pasar en estos casos en que una voluntad y un deseo es compartido con tanta codicia por dos personas sobre el mismo objeto, cuatro manos se lanzaron, sin pensar en las consecuencias posibles, a coger el objeto de su deseo
Evidentemente, pasaron diferentes cosas simultáneamente, casi todas ellas muy previsibles: Chocaron dos cabezas, con las consecuentes exclamaciones de dolor y rabia, cuatro manos al mismo tiempo golpearon un objeto redondeado y naranja que cayó al suelo y rodó hasta la puerta, los dos hermanos entraron en un intercambio verbal lleno de palabras malsonantes y soeces, insultos e improperios e incluso de una de las cabezas salió un poco de sangre. Esto aún provocó una exageración mayor en las palabras de uno de los hermanos, con gritos como “Me has roto la cabeza, bestia” con la correspondiente respuesta por parte del otro actor principal en esta desagradable historia “Con lo animal que eres, mira que tienes la piel fina, a mi sí que me has hecho daño”
Como fácilmente ya puedes deducir, Maria, ni él ni ella intentaron, en ningún momento, escuchar razones y motivos del otro y no vale la pena seguir con la descripción de la ya suficientemente comentada situación cómo para que te imagines todo lo que paso
Evidentemente, la presencia pacificadora y justiciera de un adulto, normalmente el padre o la madre, suele dar por acabada la pelea con unas cuantas recriminaciones e, incluso, amenazas de castigos. Pero el conflicto sigue presente, la naranja aún está, podríamos decir, que viva y los dos pretendientes a la sabrosa y olorosa fruta famosa sobretodo por su alto contenido en vitamina C siguen manteniendo su intención de hacérsela suya y se creen con el derecho de tenerla, al menos, tanto como el otro. Y cuando hay un conflicto, seria conveniente encontrarle una solución, una respuesta más pronto que tarde
En la teoría clásica de resolución de conflictos, hay cuatro soluciones posibles
La primera y parece la mejor de todas, es la solución inteligente, en la cual las dos partes se dan más o menos por satisfechas y han podido, al menos en parte, conseguir sus objetivos total o parcialmente, poniéndose de acuerdo. Seguro que dirás que en este caso sería repartirse la naranja por la mitad, opción que la mayoría de los padres han tomado en situaciones parecidas, y además, sería aún mejor si fuera encontrada por los actores del conflicto que impuesta desde fuera. Aunque ninguno de los dos ha conseguido el que quería del todo, sí que ninguno de ellos marcha con la sensación de fracaso o derrota total y absoluta y tampoco, como estarás de acuerdo no es una emoción muy conveniente de cultivar, con la petulancia de sentirse ganador o haberse salido con la suya pisando al otro
La segunda solución y podríamos llamarla la más estúpida – y en muchos casos la más habitual en conflictos mal llevados – es aquella en la que ninguna de las dos partes consigue su objetivo y quedan llenos de frustración y rabia. Se daría, en esta situación descrita, cuando el padre o la madre, para castigarlos al haber caído en los insultos y la pelea, coge la naranja y se la queda para si, con un “así aprenderéis a buscar soluciones y a no pelearos” – muy absurdo, conviene dejar claro, ya que aquí lo que hay es un montón de rabia y dolor reprimidos y que en ocasiones futuras, provocará más y mayores conflictos entre ellos. Aquí las dos partes del conflicto marchan con la sensación de haber perdido y este sigue presente transformándose en resentimiento hacia el otro, al que culpan del fracaso
La tercera y cuarta solución son la que podríamos llamar de poder y dominio. La solución malévola, cuando yo me quedo con la naranja porqué soy más grande, tengo más fuerza, tengo poder emocional sobre ti o porqué dependes de mi de alguna manera: “si no me das la naranja, explicaré a los padres quien cogió el dinero a la abuela”. O la solución incauta cuando es el otro el que se queda con la naranja por motivos parecidos
En los dos casos, la salida al conflicto ha sido en falso, ya que la frustración de una de las partes, que ha tenido que aceptar una solución de manera forzada y sin estar de acuerdo, se volverá a convertir en problemas y discusiones, muchas veces agravadas por el resentimiento, en un futuro no lejano. Desgraciado aquel que vive lleno de agravios y sus esfuerzos siempre están destinados a cambiar las relaciones de dependencia y, con envidia y rabia, quiere arrebatar el poder a quien lo ostenta con vileza y despreció, con intención de tomar venganza
Y aquel que ha visto recompensada la utilización vil del poder para dominar y subvertir el transcurrir de los acontecimientos no hará más que confirmar que competir y dominar siempre es mejor que cooperar. Desgraciado aquel que vive lleno de miedo y temor y se ve obligado a reafirmar continuamente su poder, en lugar de poder disfrutar de la satisfacción de compartir y cooperar
No parece, y seguro que tú lo estás pensando, Maria, que esta fábula de la naranja tenga de momento demasiado sentido, a parte de unas reflexiones genéricas y poco novedosas – ¡¡y acordaras conmigo, qué poco presentes las tenemos cuando es un conflicto en el que estamos directamente implicados y nos explota delante de nuestras narices!! – sobre como solucionar y ponerse de acuerdo cuando dos quieren una naranja, la mitad para cada uno, como ya habíamos dicho al hablar de la primera de las soluciones, la más inteligente y aquella a la que ellos mismos hubieran llegado si fuesen amos de sus emociones, y no sus emociones, amos de sus actos inmediatos, quien no se ha dejado llevar por una gran emoción, ya sea rabia, ira, miedo, o por un momento de pasión y deseo y después nos hemos tenido que lamentar de lo que hicimos
En este cuento, Maria, que hoy he explicado de manera tan barroca y enrevesada, así podemos disfrutar más de esta tarde de domingo tan soleada y tan primaveral, seguiremos un poco más las actuaciones de nuestros protagonistas de la historia, que sin ser extraordinaria, sí quiere ser innovadora y original, a ver si además de una solución inteligente, podemos encontrar una que sea también sabia
Una vez se ha hecho la repartición de la ya finita naranja que se ha convertido, por el poder cortante del cuchillo de cocina, en dos medias esferas derramando zumo por el suelo y la mesa de la cocina, uno de ellos, para romper tópicos, diremos que la chica, coge un cuchillo del cajón, pela la media naranja que le ha tocado, tira la piel al cubo de la basura y se la come, con evidente gula engrandecida y acentuada por el esfuerzo competitivo que ha sido necesario dedicar para llegar a ese resultado. Ya se sabe, las cosas conseguidas con esfuerzo, siempre son más valoradas y queridas. El otro, ara toca hablar de él, como su antigua rival y ahora camarada en el disfrute de media naranja, coge un cuchillo y la pela también, pero al contrario que la otra, ¡¡se queda con la piel y tira el fruto sucoso y se dispone a hacer un pastel con ralladura de piel de naranja!!
Ya está. Ya ha salido, como toca al final, el porqué de todo esto, es decir, lo que quería hacerte ver, Maria, al explicarte con tantos detalles una situación que no por ser habitual y común, no deja de tener sus enseñanzas y mensajes, siempre y cuando seamos creativos y estemos abiertos a aprender. La solución más sabia, siempre se encuentra después de primero hablar y escuchar activamente, ver realmente cuales son los objetivos de cada uno de ellos y quedarse uno con toda la pulpa de la naranja y el otro, con toda la piel”


MENSAJE DE LA FÁBULA: Incluso en casos tan evidentes, la mejor solución de todas está primero de todo, en saber utilizar la comunicación activa, asertiva y empática para saber realmente cuales son los deseos de cada una de las partes del conflicto y como encontrar la solución más sabia de todas, aquella en la que los dos partes consiguen el 100% de sus objetivos y ninguno de ellos sale derrotado. Piensa, ¿cuantos desacuerdos están perpetuados y consolidados en una falta de comunicación real de las partes?

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